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Hijos de Saturno

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"Había oído hablar de los túneles que hay debajo de la ciudad. Tenía amigos allí. Conocí a Manny cuando bebíamos en la calle. Sabía que vivía en los túneles. Siempre se portaba bien conmigo. Me protegía, nunca se propasó. Me sentía segura con él. Era un buscavidas nacido en Alaska. Iba por los casinos para ver si había dinero olvidado en las máquinas. Se encuentran cientos de dólares porque la gente que juega normalmente está borracha y no se fija. Me dijo que podía ir a vivir con él. Tuve miedo, allí abajo todo estaba muy oscuro y era un lugar extraño. Pero me prometió que nadie me haría daño. Su chamizo estaba cerca del Flamingo, junto a las vías férreas bajo el Rio. Le pedí que fuera delante. Llevábamos linternas en la frente. Cuando llegamos vi que era una habitación normal, con estanterías, un baño pequeño tapado con una cortina y una cama de matrimonio, todo bonito y limpio. La primera vez que dormí allí aluciné. Pensé: ¿Qué estoy haciendo?. Pero me sentí a salvo, tal c...

Lectura Dantis

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Hace poco leía la historia de aquél grupo de ciudadanos florentinos que en el verano de 1373, presentaron a la Signoria una singular petición en su nombre y en el de la mayor parte de los vecinos de la ciudad. Solicitaban que se contratara, a cuenta de las arcas municipales, a una persona letrada que leyera públicamente el "liber Dantis" (el libro de Dante) o "el Dante", que es como se conocía popularmente a la obra que aquél mismo año Boccaccio bautizaría definitivamente como la Divina Comedia. La petición se apoyaba en el deseo que tenían de que todos los vecinos de Florencia pudieran beneficiarse de los valores y belleza que contenía dicha obra, con independencia de si sabían leer. En la petición puntualizan que el perfil del lector debe ser el de "un hombre valioso y erudito, bien versado en el conocimiento del poema" (valens et sapiens vir in [Dantis] poesie scientia bene doctus). Este  fue el comienzo de una larga tradición de le...

Parkman y Mol

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Para cuando  Francis Parkman  emprende la aventura que relata en su libro  “El Camino de Oregón” , -por aquél entonces debía tener cosa de 23 años-, el tiempo y la fortuna le habían permitido ya graduarse en Harvard, cruzar el Atlántico y dedicar cosa de un año a disfrutar de lo que entonces se llamaba el  Grand Tour . Cuentan que en Roma intentaron convertirle sin éxito al catolicismo, que en Nápoles pasó días enteros al pié del Vesubio esperando ser testigo de alguna de sus erupciones, y que cruzando los Alpes vagó perdido por entre sus nieves durante cerca de dos días, hasta que unos pastores dieron con él ya a punto de morir. Pero Parkman no era amigo de estarse quieto mucho tiempo. Al poco de su vuelta a los Estado Unidos decidió unirse a una partida de cazadores que marchaba hacía el oeste, siguiendo el Camino de Oregón. Su intención era narrar después al público norteamericano lo que había y lo que ocurría por aquellos extensos territorios vírgenes que s...

El Arte de dançar

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Entre los fondos de la Biblioteca Nacional de Francia, he encontrado varias ediciones de una curiosa e interesante obra titulada: "Arte de dançar. En el qual se enseñan las reglas de traer bien el cuerpo, de sacar la gorra, de hazer reverencia y acomodar la capa y espada en el baile..." Su autor, Cesar Negri (1536 - 1604), conocido como "Il Trombone", fue maestro de baile y coreógrafo en la corte de Milán, y uno de los principales autores de danzas de su época. De hecho, si c uentan que a mediados del siglo XVI Milán era la capital europea del ballet, y el ballet el rey de los divertimentos, es en cierto modo, gracias al trabajo de autores a la cabeza de los cuales estaba Negri. Su tratado sobre el baile "Le Gratie d'Amore" fue publicado en 1602, y tuvo tanto éxito que pronto le siguieron nuevas ediciones ampliadas y revisadas, bajo títulos como el de " Nuove inventioni di balli, opera vaghissima di Cesare Negri, milanese, detto il Tromb...

La linterna mágica de Millikin & Lawley

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Es muy difícil tener una idea clara de a qué se dedicaba, allá por la segunda mitad del siglo XIX, la casa Millikin & Lawley de Londres. Parece deducirse que en un inicio lo suyo era fabricar material óptico, habida cuenta de que en alguno de sus catálogos se ofrecen microscopios, telescopios, gafas, lentes y varios modelos de linterna mágica. Pero lo curioso es que, más adelante, les encontramos vendiendo reproducciones de esqueletos, material médico, cuchillos… Estaban al n egocio, a diversificar todo lo que podían, y no parece que lo hacían mal. De hecho, un derroche de imaginación les iba a llevar a formar parte, sin siquiera imaginarlo, del selecto grupo de ancestros de lo que después serían los videoclubs, televisiones temáticas y netflixes varios. Si ellos supieran… Revisando un viejo catálogo de la casa titulado “Lectures for the Magic Lantern and Pleasant Readings for Leisure Hours by The Wizard” (1874), me encuentro con que en él se recopilan textos explicativos ...

Le Louvre Revisité

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Paolo Veronese como materia prima para un readymade lleno de hermosura. Arlesiano de adopción, Christian Milovanoff es un fotógrafo francés que se dio a conocer en 1986 con su "Le Louvre Revisité", un juego fotográfico en el que mezcla detalles de pinturas de autores generalmente conocidos, con fragmentos de sus marcos y la pared que los soporta. El texto que refiere al autor lo usa para titular cada una de sus imágenes. Todas ellas resultan crudas, faltas de luz, aparentemente silenciosas, como hablando otro idioma. Al fin y al cabo eso es lo que hace.

No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.

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1888 fue el año en el que los viajeros del tren mixto de Badajoz vieron por la ventanilla de sus vagones, poco después de pasar Caracuel, el cadáver de una joven de 14 años colgado de un poste telegráfico. Fue una mañana del sábado 29 de septiembre, fría y ventosa a juzgar por lo que dicen los periódicos, y aquél pobre cadáver pendulaba gélido y silencioso ante la aterrorizada mirada de los ocupantes del mixto de Badajoz. Cuando terminaba aquél mismo día, en otro lugar, en el East End londinense, el agente  Louis Robinson encuentra a una mujer tambaleándose por la calle. Es tal su estado de embriaguez que decide llevársela a la cercana comisaría de Bishopgate para que duerma la mona en una de las celdas. La conoce de vista, es una de las muchas prostitutas que merodean por el barrio, y no ve prudente dejarla a su suerte aquellos días en los que no parecían cesar los crímenes del destripador. Catherine Eddowes , de 46 años, permaneció encerrada en una celda hasta la 1 de ...

Un día como el de hoy

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Incluso estos pequeños cambios que tanto parecen desazonarnos, tienen su parte buena si se busca algo de sustancia en ellos. Toda mala nueva, trae el aire de un cambio al que debemos de orientar nuestro rumbo para seguir avanzando. ¡Tiremos a las plañideras por la borda y vaciemos las bodegas al son de alguna vieja canción…! ¿Cuál?: esta misma, robado de una historia de los cuatreros de Nuevo Méjico que escondieron a William Bonney, tras su huida de la prisión Lincoln: Old men and old coyote dogs  boil their dreams in the sun served steaming within a bowl filled with shadows (Los ancianos y los viejos coyotes hierven sus sueños al sol y los sirven humeantes dentro de un tazón lleno de sombras) En estos tiempos recién inaugurados, en los que la noche ya no cae a media tarde, nos acercamos al mar buscando esas furiosas mareas que nos visitan puntuales una de cada dos semanas, y que gustan de esconder su ondulante infinitud en la oscura profundidad de un horizon...

i Ay, pobre Yorick!

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Este es un tipo que me cae simpático con solo mirarlo, y es por eso quizá que me atrevo a traerlo aquí. Su nombre es posible que no nos diga mucho, seguramente nada, pero es necesario decirlo: se trata de Pietro Coccoluto Ferrigni, conocido como Yorick. Me gusta el modo en que se nos presenta: de perfil, paseando con su sombrero, un abrigo abotonado, la mano izquierda en el bolsillo, y la derecha ocupada sosteniendo un cigarrillo. Yorick no parece muy alto, es algo grueso, tiene un poblado bigote, y lo vemos marchar pausadamente, mirando hacia adelante como sumergido en sus pensamientos. Parece alguien que va a lo suyo, o que está paseando sin rumbo por el mero placer de hacerlo. Las pared sobre la que se destaca Yorick es también muy interesante: a la izquierda, hay algo que parecen ser dibujos infantiles, y a la derecha un texto en cursiva que dicen es la dedicatoria del autor a Yorick. Esto último es lo que dicen, que yo no lo he podido comprobar. Pietro Coccoluto Ferrigni,...

Ezenggileer

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(Wang Zuocai, Caballos galopando en otoño) Leí hará cosa de un año acerca de la lengua Tuva y los rasgos que en ella pueden darse de quienes la hablan allá por las tierras del corazón de Asia. A uno le entraron por el ojo las historias de todas aquellas etnias, familias, tribus o clanes de origen mongol al leer sobre los oirates o calmucos en “La rebelión de los tártaros” de Thomas de Quincey. De ello hace ya muchísimos años, y desde entonces me da por imaginar un viaje a aquellas tierras del corazón profundo de Asia  al modo de los nómadas, con su característico caballo enano, la yurta y el fiel halcón. Pero como uno no está para esos trotes, y la vida le ha hecho acostumbrarse hasta la dependencia a los vicios y virtudes de las comodidades occidentales, deja de lado todo esto como meras ensoñaciones y, a modo de consuelo, recurre de vez en cuando a lecturas sobre todo lo que late en el corazón de Asia. Ezenggileer se refiere en lengua Tuva a un tipo de canto, música o c...

Flaneurs

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A este individuo que aparece paseándose por la plaza del Louvre de París un día cualquiera de 1892, lo vi por primera vez hace ya un tiempo en la portada de un libro: la “Fisiología del flâneur“ de Louis Huart. Me gustaba lo que se decía en él, seguramente porque soy muy dado a andar, caminar, subir montes y callejear sin rumbo, y eso es algo que se trata con gran consideración en la obra de Huart. Según afirmaba, cuando escribió su libro allá por la primera mitad del siglo X IX, el flâneur es una especie distinguida, a proteger, que en nada debía confundirse con otros personajes como el pasmarote, el mirón o el granuja, que compartían las calles con él. Si volvemos al tipo de la foto es para contarles que se trata de Gustave Caillebotte, pintor y mecenas francés del que no les voy a descubrir nada que no sepan. Para mi que, dejando de lado el vestuario propio de la época, la escena, los gestos y todo, podrían pasar por haberse hecho hoy mismo. Es algo que siempre me ha llama...

Unos golpes ligeros en los cristales

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Un fetiche absoluto encontrado por la red..., que si llega a ser en una librería de viejo, entre las páginas de un libro de barato, me volvería más loco que una caja de ranas, como dicen por Irlanda.   Escuchen: "Unos golpes ligeros en los cristales le hicieron volverse hacia la ventana. Había empezado a nevar otra vez. Soñoliento, contempló los copos, plateados y oscuros, cayendo oblicuamente co ntra los faroles. Había llegado la hora de ponerse en camino hacia el oeste. Sí, los periódicos tenían razón: nevaba en toda Irlanda. Caía nieve por todas partes en la oscura llanura central, sobre las colinas sin árboles, caía suavemente sobre el pantano cenagoso de Allen y más hacia el oeste, caía para unirse a las olas de las sombrías y rebeldes aguas del río Shannon. Caía también sobre el desolado cementerio de la colina donde estaba enterrado Michael Furey. Se posaba, espesa, sobre las cruces y lápidas torcidas, sobre los barrotes de la cancela, sobre los yermos espino...

Viens, poupoule…

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“Viens, poupoule…”, con todas las licencias que pueden permitirse a un traductor aficionado, es una expresión francesa que podría entenderse como “Ven pichoncito”, por no dar pié con una mayor textualidad a un juego de palabras bastante más lúbrico. Es también el título de una canción que disfrutó de un gran éxito en la Francia de principios del siglo XX. Con ella, el artista y cantante de variedades   Felix Mayol alcanzó la cumbre de su éxito, prolongando su popularidad más allá de aquél tiempo y sus circunstancias del París de los primeros años del siglo XX, hasta otras muy diferentes en las trincheras del norte de Francia durante la Primera Guerra Mundial. Quizá era que a los pobres poilus les recordaba aquellos tiempos de paz, y el evocarlos siquiera un instante en aquellos sórdidos agujeros no era poca cosa. Es más, les envalentonaba y animaba a cantarla a sus enemigos alemanes, como invitándoles a que intentaran acercarse a ellos… ¿Lo hicieron? ¿Saltó el enemigo al campo ...

Rira bien qui rira le dernier

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Hay algo en la escena de “El loco del pelo rojo” (Vicent Minelli, 1956), en la que un inspector de policía interroga a Gauguin acerca del tajo que se ha dado su compañero Van Gogh en la oreja, que siempre me ha obsesionado. Quizá es porque veo en ella una intencionalidad, un guiño, que no sé si es cosa mía o, simplemente, es así. Aún a riesgo de resultar extenso y pesado, paso a explicarme. En 1930 el escritor norteamericano Irving Stone se encuentra por Europa con su esposa disfrutando de uno de esos viajes de bodas que hacían por aquél entonces los más afortunados, dedicando meses enteros a recorrer los puntos más importantes de nuestro continente. Jean, su esposa y futura editora, le anima a que haga realidad su sueño de escribir un libro sobre un pintor todavía no demasiado apreciado, pero por el que sienten una especial devoción: Van Gogh. Incluso le da algo tan valioso como el título de la obra aún no escrita: lo llamarás Lust for Life… Teniendo un título como ese, lo demá...