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El silencio de Harpócrates

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Odilon Redon nos presenta a Harpócrates, el dios griego del silencio y el secreto, como si estuviera envuelto en un tenue pensamiento, o asomando por el otro lado de una pequeña ventana: lo vemos con dos dedos tapándose la boca en un gesto de significado inconfundible, mientras la otra mano toca el lóbulo de la oreja como acto que sugiere una escucha profunda. ¿De qué? Es de suponer que de ese mismo silencio, y de todos esos ruidos que corren por el interior de cada persona sin que normalmente sean atendidos.
Es curioso, pero Harpócrates es la adaptación griega del niño Horus del antiguo Egipto, a quien vemos lo mismo reproduciendo el gesto de llamada al silencio, que alzado sobre un par de cocodrilos. Quizá es consciente del delicado equilibrio que le mantiene en pie sobre ellos, y pide no romperlo agitando el ánimo de aquellos animales. Se cuenta también que tanto su versión griega como latina fue en ocasiones colocada a la entrada de los templos. Pretendían advertir a los visitantes…

La única revista que no tiene nada que decir

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Sin esperarlo, recibo un ejemplar de Le Petit Silence Illustré, una curiosísima publicación de la que dicen -subrayo el “dicen”-, que es uno de los más directos antepasados de los fanzines, y la precursora de la conocida revista satírica Hara-Kiri. Cuentan también que esta última se inspiró en “Le Petit Silence”, entre otras cosas para crear el lema con el que se publicitó en sus primeros años: “Si vous ne pouvez pas l'acheter, volez-le” (Si no puedes comprarla, róbala). En el potencial creativo del padre de aquella criatura, el periodista y escritor Jacques Sternberg, pesaba el bagaje existencial de aquellas generaciones que sufrieron el terrible aluvión de totalitarismos y guerras que ensombrecieron la primera mitad del siglo XX. A él y su familia, por ejemplo, les tocó abandonar su Bélgica natal huyendo del terror nazi al ser judíos, y refugiarse en España, donde fueron arrestados, devueltos a sus perseguidores y encerrados en un campo de concentración. Recuerdo todo esto cuand…

Bennett, ayuda de cámara de La Patti.

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La pasada noche estuve revisando las prodigiosas ilustraciones que puede encontrarse uno en la primera etapa de “La Vie parisienne”, revista francesa que, con el largo y elocuente subtítulo de “moeurs élégantes, choses du jour, fantaisies, voyages, théâtres, musique, modes…”, nombre tan extenso como la vida de la propia publicación, comenzó su andadura en 1863 y no se detuvo hasta 1970.
El caso es que saltando de una a otra ilustración, encontré en el número del 23 de enero de 1864 esta que acompaña al texto. Se refiere a la entonces famosísima soprano Adelina Patti, y me trajo a la memoria un curioso recorte de los que guardo en mi archivo referido precisamente a ella. En él se da una nota de color, y posiblemente también de fantasía exótica, a la vida itinerante que llevaba por aquél entonces la que terminó por ser uno de los prototipos de la diva de su tiempo. Lo cuenta La Época del 14 de abril de 1884 y dice así:
«La Patti va a cantar en Lisboa la celebrada ópera de Bizet, Carmen, q…

El tablado de Barba Azul

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Cuenta Jean Paul Lacroix en “La Presse Indiscrète” (1967), que cuando el 21 de febrero de 1951 corrió por París la noticia de que aquella misma mañana acababa de fallecer en su apartamento de la rue Vaneau el escritor André Gide, el director de un periódico de la tarde pensó en enviar inmediatamente a un reportero que pudiera cubrir la noticia, y así ser ellos quienes la dieran con mayor detalle esa misma tarde. Como quien llevaba esos temas no estaba en ese momento en la redacción, echó mano del primero al que vio, casualmente un joven periodista que se encargaba de los sucesos.

Una hora más tarde llamaba el reportero desde la rue Vaneau para dar el texto de la noticia a la redacción:

- Sin interés: muerte natural.

Por algún motivo, he recordado esta anécdota sobre la muerte, y lo que es natural y no natural, al encontrarme con este curioso grabado de George y Edward Dalziel, hábiles maestros grabadores en madera, los más célebres de la Inglaterra Victoriana. La imagen representa un d…

Día 58 y final. Lo que fué.

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“El poder llegar de un lugar a otro depende ahora de mi portátil. Durante la cuarentena, todas las formas en las que interactúo con el mundo, ir al trabajo, a la tienda, relacionarme con amigos y familiares, se han comprimido en un espacio digital. Ir de lugar a otro depende ahora del teclado de mi portátil. Este mapa que muestro aquí es el de mi vida actual. Aunque es frustrante sentirse desconectado de mi entorno inmediato, un lado positivo es que estoy más conectando con mis familiares y amigos en el continente (y en todo el mundo)” (Peter Gorman, Waikoloa, Hawai)
El pasado mes de abril, la página de CityLab invitó a sus lectores a dibujar el mapa de su mundo tal y como lo viven o han vivido durante la época del coronavirus. Propone que se muestre cómo se transformó la realidad circundante de cada uno, si esto afectó a sus sentimientos, emociones o, en general, al modo el que viven y entiende su entorno. La respuesta ha sido enorme y ha llegado desde todas las partes del mundo en fo…

Día 55. Un recuerdo: el paso del cometa.

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Leo en El Heraldo de Madrid de 17 de mayo de 1910:“En Chinchilla se ha suicidado, ahorcándose de una encina, un niño de once años. Se asegura que el motivo fue el temor a los efectos del cometa de Halley, el que, según los padres del niño, destruiría el mundo”Las consecuencias del paso de los cometas han sido consideradas tradicionalmente como nefastas: con ellos ha de llegar la guerra, el hambre, la peste o cualquier otro castigo que la divinidad tenga la ocurrencia de lanzar contra la humanidad en castigo por sus pecados. Esto es lo que, por ejemplo, podemos encontrar que nos cuenta el Kometenbuch (El Libro de los Cometas), una obra anónima escrita posiblemente en Flandes y publicada en 1587, que pretende recopilar las diferentes interpretaciones que se habían hecho del fenómeno desde la antigüedad. Pero el análisis lo hace tendiendo hacia el aspecto anecdótico, que se refleja especialmente en las alrededor de 14 magníficas ilustraciones que acompañan al libro para mostrar gráficame…

Día 54. La luz de Oriente.

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“Los kirguises viven en bandas u hordas, y tienen la siguiente costumbre: cuando un sacerdote realiza una ceremonia religiosa, toma sangre, leche y estiércol animal, y los mezcla con tierra. Luego lo vierte todo en un recipiente y trepa con él a un árbol, y cuando la multitud se reúne, rocía a las personas con la mezcla resultante, y esta aspersión se considera divina y la veneran. Cuando uno de ellos muere, su cuerpo está colgado de un árbol"
Este es uno de los varios textos que acompañan a un mapa de 1562 que abarca desde el Golfo de Finlandia, Lituania y el Mar Negro, hasta el río Syr Darya y Tashkent, una de las ciudades más pobladas del corazón de Asia. Su autor fue Anthony Jenkinson, agente de la británica Compañía de Moscovia, que exploró toda aquella región en busca de una ruta comercial que, desde la capital rusa, llegara a Persia y China.
La mayoría de los dibujos y citas que se encuentran en el mapa forman parte de lo que vio o escuchó durante su expedición, pero también…

Día 53. Nongqawuse, Bernadette y otras especies milenaristas.

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Parece que caminamos hacia una nueva normalidad, a la que aseguran podremos llegar a medidos de junio. Hasta entonces nos entretendremos rompiendo poco a poco esa estricta rutina en la que habíamos vivido los dos últimos meses, saliendo por fin a la calle, volviendo a nuestras ocupaciones y empezando a evaluar por nosotros mismos los daños que ha provocado todo esto.
En abril de 1856, Nongqawuse, una joven xhosa de 15 años, y su amiga Nombanda, que tendría entonces entre 8 y 10 años de edad, fueron a espantar a los pájaros de los cultivos de su tío en los campos próximos a su poblado según algunos, o a buscar agua al rio Gxarha según otros. El caso es que cuando regresó, Nongqawuse contó a su tío y tutor Mhlakaza, el místico de la tribu, que había conocido los espíritus de tres de sus antepasados, y le habían dicho que debían destruir sus cultivos y matar a su ganado, su única fuente de riqueza y alimentación, si querían que esos mismos entes destruyeran a los colonos europeos. Después…

Día 48. El sombrero de Cornelius Conway Felton.

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Ayer nos explicaron por televisión las nuevas condiciones que hay para salir a la calle según la edad y el motivo de cada uno. Por si no lo tenía claro, unos amigos me mandaron por whatsapp una imagen en la que se detalla aquello a base de un código de barras y colores... El caso es que pensando en todo esto, me he acordado del curioso daguerrotipo de John Adams Whipple que acompaña a este texto, y que me parece de una maestría absoluta. Intentaré contextualizarlo un poco para ver si soy capaz de transmitir lo que veo en él.
La imagen es nada más y nada menos que de alrededor de 1850, y en ella se escenifican varias cosas que eran absolutamente inherentes a Cornelius Conway Felton (1807–1862), el retratado. Basta con observar su aspecto. No parece verse en él al director del Smithsonian Institution, ni a uno de los más reputados profesores de literatura griega de su país, o al presidente de la Universidad de Harvard, por lo menos según los cánones de apariencia que se usaban entonces. …

Día 47. Aquí hay dragones.

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Nos siguen diciendo cosas. Ahora que hasta que no lleguemos a lo que se llama Fase III, no podremos desplazarnos a otro territorio que no sea el nuestro. Algo es que podamos empezar a salir, y mucho el volver a ocuparnos de lo que nos da de comer, pero el mes y medio largo de encierro, nos hace soñar también con el momento en que podamos salir a la calle y marcharnos muy lejos.
La imagen que acompaña a este texto es de una carta que un tal Thomas Dobrée, armador de Nantes, envió en 1824 al capitán de l’Aimable-Créole, uno de los dos barcos de su compañía que hacía regularmente la ruta a Cantón. Dobrée le encargó contratar a un artesano de aquel puerto de China la fabricación de dos cajas lacadas en rojo y oro, con el nombre de cada uno de los dos navíos. Para que no hubiera ninguna duda, el armador adjuntó el dibujo que vemos en la carta, donde se muestra cómo quería que fueran éstas. El bosquejo, más que con la realidad, se correspondía con lo que él imaginaba que era una caja china d…

Día 46. El arte de preservarse.

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Hoy hace 46 días que nos encerramos a pasar la pandemia. Es miércoles, así que según el sorteo que hicimos el domingo, hoy me toca salir a la calle de paseo con mi hijo: todo un lujo que me va a permitir acercarme a la costa para comprobar si el mar sigue moviéndose o no. El otro día conseguimos mascarillas en una farmacia, así que ya podremos dar nuestra vuelta con el equipamiento reglamentario. Además, ayer nos dijeron por la tele que poco a poco esto va a ir acabándose, desescalada le llaman, así que yo también voy a ir pensando en recoger la tienda y cerrar este diario que, con algún descanso, he ido llevando a lo largo de este mes y medio. Seguramente volveré a mi falta de periodicidad.
Y retomando lo de las preciadas mascarillas, la que vemos aquí pertenece a una de las ilustraciones que contiene el libro de Giovanni Aldini (1762-1834) titulado “Art de se préserver de l’action de la flamme”, que se publicó en Milán en octubre de 1828. Aldini gozaba de gran reputación por sus trab…

Día 45. Everybody street.

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Me he pasado una buena parte de esta noche revolviendo y disfrutando de varias colecciones de fotografías, entre ellas unas cuantas de Jamel Shabazz, el que es desde hace más de 40 años el cronista fotográfico de las gentes de Brooklyn. Lleva en ello desde aquellos primeros años de la década de 1980, cuando con 15 años y en una ciudad que estaba emergiendo del difícil período de la década de 1970, cuando su economía se tambaleó, el crimen y la corrupción institucional estaban a la orden del día, y muchos vecindarios se deterioraban físicamente o llegaban a desaparecer pasto de las llamas y la avaricia de los especuladores. Encontré hace un tiempo un artículo publicado en julio de 1999 en el New York Times a cuenta del estreno del “Summer of Sam” de Spike Lee, que con el título “1977; Summer of Paranoia”, venía a explicar lo que era aquello:
“Los esqueletos descomunales de las escuelas a medio construir eran un sombrío recordatorio de que el gasto en obras públicas se había evaporado. P…