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7 años. Pequeño diccionario debatziano.

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Para los que llevamos ya algún tiempo en esto de los blogs –o cuadernos, como prefiero llamarlo-, se va convirtiendo en una costumbre sorprendentemente rutinaria esto de ir, a cada paso de año, rompiendo el hilo argumental que veníamos arrastrando en anotaciones anteriores, para recordar a nuestros pacientes visitantes que hoy, tal día como el de hoy, nuestro cuaderno, o nosotros como blogeros, hemos cumplido un año más en este mundo virtual. Me toca el 19 de abril, pues, el de hace ya siete años, es aquél en el que empecé en este negociado con el primero de mis cuatro cuadernos: uno al que llamé Ex Oriente Lux y del que se puede saber –como de los siguientes-, lo que se desee curioseando en los enlaces que hay por algún lugar de la columna que hay a la derecha de este texto. El caso es que a uno se le queda un poco la mente en blanco cuando le llega el aniversario: ¿qué hago?, ¿qué cuento para celebrarlo? ¿y si no digo nada, y dejo pasar el año sin que nadie se entere, para quitarme e...

Camino de Toledo

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Hará cosa de 5 ó 6 años tuve la fortuna de conocer a Iñigo Pérez Redondo, autor para mí de una obra apasionante. Ya antes de aquél primer encuentro, había leído con avidez “Las muertes de Fígaro” , su poemario “Nudos de pausividad” –Premio Aguamixa de poesía 1997-; así como una interesantísima colección de estudios sobre las infinitas conspiraciones políticas habidas en la España del siglo XIX, cuyo nombre no recuerdo. Así que, cuando cruzamos nuestras primeras palabras aquél verano de hace alrededor de 5 ó 6 años, puede decirse que yo jugaba con ventaja al saber quién era. Coincidimos muy cerca de París, en el archivo de Vincennes, antigua prisión en la que pasó un tiempo Diderot, e hizo de Rousseau un filósofo en sus idas y venidas para visitar al enciclopedista. Me había llegado a aquél lugar aprovechando unas vacaciones, para dar un poco de claridad a los misteriosos manejos de Armando Pignatelli –a quién intentaba biografiar con la ayuda de un amigo-, con nadie más y nadie menos ...

Sala de espera

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  Se me ha ocurrido enviar una anotaciòn desde el telefono, mientras dejo pasar el rato en una sala de espera para que me hagan una extracciòn. La imagen es de la parroquia de St. Georges, muy cerca de St. Emillion. La tomé una fresquísima mañana de finales de diciembre. La niebla lo envolvía todo. El silencio invitaba a nuestros sentidos a perderse en la intemporalidad de aquél lugar. Pasado. Presente. Futuro.

Asalto al tren

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Leo en un número de La Correspondencia de España de 1869 la siguiente noticia: "El tren de Andalucía que llegó a Madrid el domingo, fue detenido entre Valdepeñas y Mansanares por una partida de ladrones. Era la madrugada, y los viajeros, al mismo tiempo que el tren detenía su marcha, oyeron los gritos de !alto y fuego!. Había, en efecto, alrededor de los coches, un grupo de quince ó veinte hombres armados, que colocando luces rojas en la vía habían hecho detener el tren. Por fortuna en el mismo venían algunos guardias civiles que se echaron al suelo dando voces de que los viajeros que tuvieran armas las prepararan, y habiendo disparado un tiro uno de estos, los ladrones huyeron precipitadamente, sin que fuera posible darles alcance". Y me acuerdo de un viejo grabado que me regaló un amigo hace años. Representaba el asalto a un tren por una partida carlista durante la tercera de sus guerras. Todavía cuelga de las paredes de mi casa, y en más de una ocasión me pierdo en sus de...

Sweet dreams, baby!

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He querido dar una nota de color a este cuaderno, tan frecuentado como está últimamente por los blancos, negros, sepias y otros colores de la memoria difusa. Lo he hecho además para iluminar un poco los negros pensamientos que hoy me acompañan. Si el lector de estas líneas no está interesado en escuchar el insistente sonido de una pataleta, o los lamentos cargantes de quien desea soltar la bilis sin detenerse demasiado en depurar  los modos, hará bien en detenerse aquí, clickear alguno de los enlaces que se le ofrecen a la derecha y volver en otra ocasión. Yo se lo agradeceré, pues nunca tendré que extenderme en reparar lo que ahora corre el riesgo de romperse. Una vida normal. Oíamos hace unas semanas a Cristina Borbón quejarse de que no se le dejaba llevar una vida normal . ¿Qué es una vida normal? ¿Vivir en uno de los más exclusivos barrios de Washington a sueldo –generoso, por supuesto-de una corporación, a la que el favor le es devuelto con creces en alguno de los laberínticos pas...

Un mendigo en Toledo

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Preparando mi próxima visita a Toledo, saqué de las entrañas de mi biblioteca una interesante guía de la que conservaba un buen recuerdo de mi anterior estancia allá por el año 94. Más que guía, es un grueso volumen editado por aquellos mismos años, en el que se cuenta -a mi parecer- con gran lujo de detalles historias y anécdotas de todo lo que existe en aquella ciudad, desde en el más recóndito de los rincones, hasta en la mismísima plaza de Zocodover. Según tomé  el libro, fueron asomando de su interior viejas entradas de los museos de la ciudad, algún recorte de prensa, una pintoresca etiqueta de manzanilla de Cadiz -volvíamos de aquél lugar cuando paramos en Toledo-, y una antigua postal de la que no tenía memoria alguna hasta que la vi. Es esta misma, la que acompaña al texto, y recuerdo haberla comprado en una librería de viejo uno de aquellos días. Quien me conoce un poco sabe, o sospecha, de mi afición por las postales antiguas. Colecciono hasta el momento una moderada cantida...

Bravos y brillantes

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Teníamos la costumbre de subir a sentarnos en el adarve del muro que rodeaba la huerta de los padres de Martín. Allá, dominando ese pequeño mundo con nuestra mirada, solíamos compartir a menudo unos cantimpalos crudos con algo de pan del día anterior. Chino  los había sustraído hábilmente de la cocina de su casa, en el mismo momento en que salía de ella como si fuera una de esas veloces corrientes de aire que peinaban los trigales. Sus padres regentaban la carnicería del pueblo, y eso garantizaba un suministro ilimitado de todo tipo de chorizos, jamones y otras viandas, siempre y cuando no fuera descubierto. Exceptuando al sonido del trigo cuando por fuerza del aire se inclina agitado a un lado y otro, nada más se oía desde aquél lugar. Ni siquiera a nosotros masticar aquellos manjares con la boca tan llena que no cabía más en ella. Nos mirábamos, asentíamos con la cabeza señalando a los chorizos y seguíamos disfrutando de ellos mientras nuestra atención se perdía a lo lejos, más allá ...

Os saludo rompiendo la pluma

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Encontraba el otro día en el blog de 1977voltios cierta reflexión que he querido hacer mía, dados los tiempos en los que vivimos, y la que en este momento está cayendo con el linchamiento mediático a los servidores de descargas como promotores de la piratería informática. Piratas. Incluso el sonido de éste término había ido adquiriendo un tono novelesco, romántico que ahora, de un plumazo han querido borrar ramoncines y otras criaturas de la misma jaula dorada. Tengo todavía un templado recuerdo de sus apariciones televisivas, recordándonos el modo en que había que entender aquello de la piratería como algo muy malo para todos nosotros. No hace falta que nos adoctrinen: sabemos de que hablamos y, para desgracia suya, somos capaces de diferenciar entre a quienes no les pesa robar y asesinar para lucrarse, y lo que representan los personajes del cine y la literatura de aventuras… A lo que iba. Hablando de piratas, todos conocemos a Emilio Salgari. Algunos de esos aventureros que poblará...

Relecturas, traducciones y flappers

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Llevo  estas últimas semanas dando vueltas a algunas viejas lecturas: “El gran Gatsby” y “Fiesta” , entre otras. Dicen que la primera tiene que ver mucho con el nacimiento de la segunda. No me resulta extraño, la verdad. Estos dos reencuentros, por ejemplo, vienen a cuento de una película y una lectura frustrada. La primera es la de Woody Allen, “Medianoche en París” , de la que me gusta todo menos el final, que me parece bastante facilón. La segunda –la lectura frustrada-, es por haber comprado un libro de Scott Fitzgerald que creo que es de reciente edición en este país: “Mi ciudad perdida” , donde se recogen una colección de ensayos más o menos autobiográficos según dice su presentación. Pues bien, la frustración es la misma que me decidió a dejar en manos del BookCrossing, sin ni medio leerla,  una edición de Porrua del “Noventa y Tres” de Victor Hugo. Lo siento, más aún con las ganas que tenía de hincarle el ojo, pero aquello me resultaba imposible de leer: o era una traducció...

“Aquél día nevó como no lo había hecho desde hacía cosa de 30 ó 40 años...”

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Desayunaba esta mañana revisando la cada vez menos frecuente actividad en mi barrio blogero, cuando me encuentro con una interesante entrada en "Mesa revuelta"  titulada: "El año de la nieve" Es casualidad, pero una casualidad agradable, pues me ha ayudado aún más a volver a lo que para mi significará siempre un día como hoy, 9 de enero. ¿Qué es lo que significa?. Quienes me conocen algo, y han seguido mi rastro por los diferentes cuadernos que he ido llenando durante estos últimos casi 7 años, sabrán que hace tres, el  9 de enero de 2009, nevó como no lo había hecho desde hacía cosa de 30 ó 40 años . En medio de aquella hermosa y suave marea de aire mezclado con la caricia de la seda, vino a llenar aquél profundo vacío el pequeño Iago, nuestro hijo. Por lo tanto, querido Iago, hoy cumples tres años. Como todos los 9 de enero, desde entonces, tu madre y yo abrimos los ojos a la mañana, y mirando al cielo recordamos aquél día como el más precioso de los que guarda nu...

Comic 4 Xmas

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Aquella mañana, mientras descansábamos en una estación de servicio, entreteníamos nuestra atención en la fina e imperceptible lluvia que caía ahí fuera, al otro lado del cristal. La noche nos sale al camino. Ahora me entretengo con el paso de algún que otro vehículo, o con la luz de las farola que bordean estas solitarias carreteras. Dos pastillas y un café. La vesícula y el sopor. Recuerdo aquella mañana entre los viñedos de Lussac, en una encrucijada que casi de manera obsesiva he frecuentado durante varios días y en las horas más diversas. Recuerdo aquella cabeza de piedra que nos observa eterna desde su canecillo. Es portadora de una edificante lección: desde aquí arriba que os veo, esto es lo que me producís. El paso del tiempo. Y el delicioso pan nuestro de cada día. Recuerdo haber vuelto a la torre de Michel Eyquem de Montaigne, como si de una peregrinación se tratara, buscando una vez más, igual que entre sus páginas, un poco de distancia con todo lo que me es tan cercano. Esta...

Al fin del mundo

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Los que seguís este y mis anteriores cuadernos sabéis de los fuertes lazos de afecto y proximidad que me unen a Ignacio P., persona de la que ya he hablado en alguna ocasión anterior. Se que no es amigo de estas cosas, y que según esté repasando estas líneas con mirada censora estará moviendo la cabeza de izquierda a derecha diciendo - !Noo, noo, noo!-,  pues le disgusta que saquen su nombre a la luz y hablen de él en términos laudatorios. Va a tener que aguantarse y seguir leyendo, o apagar el ordenador y ocultarse bajo las sábanas de su cama, pues quien esto escribe piensa hacer algo que él mismo hubiera hecho si no fuera tan retraído y enemigo de la pompa y el festín. Me refiero a hablar de su nuevo libro, segundo o tercero según se mire, que lleva el sugerente título de "Al fin del mundo" . Como viene siendo costumbre en su autor, esta obra no tiene absolutamente nada que ver con las anteriores: es quizá más fresca, espontánea, colorida y llena de vida. No se trata de nin...

Desorientados

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Recordábamos hace un par de días en Potes, Cantabria, la costumbre que se tenía al construir los templos de alinearlos en un eje este-oeste, encarando las cabeceras hacia oriente, al punto donde nace el sol. De algo relacionado con esto se supone que procede la palabra “orientar”. Hay quien dice que lo de las referencias que tomaban los maestros canteros para formar el eje, se hacía conforme al punto por dónde salía el sol el día que se celebrara la fiesta del santo a quién se iba a dedicar el templo. Esto, pensamos, podría explicar las diferentes orientaciones de las cabeceras, pero dudamos que fuera cierto. Casi la misma conversación, conclusión incluída, la tuvimos en Portomarín, haciendo el Camino de Santiago, cuando nos encontramos con la “desorientada”  iglesia de San Nicolás. Recorrimos los muros exteriores de la parroquia de San Vicente de Potes en busca de algún canecillo, grafito, marca de cantero o cualquier otro tipo de labra que valiera la pena. Nada. Simplemente una viej...

¿Dónde está mi vaca?

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Debía a mi compadre Anarkasis una entrada con este título, pues si en un principio era el que tenía pensado poner al cuaderno, los pudores de quien escribe hicieron que quedara como ahora se ve, dejando lo de la vaca en una anécdota que esbocé en la casa de mi amigo hace unas semanas. ¿Dónde está mi vaca? Es lo que pensaba mientras bajaba corriendo bajo un aguacero veraniego la cuesta de Camembert en busca de mi coche, que había dejado aparcado a las afueras del pueblo. ¿Por qué?, es una historia muy larga, y si tienes la paciencia suficiente, sabrás de ella en las próximas líneas, aunque te advierto que es posible que al llegar al final pienses: - Para este viaje no eran necesarias semejantes alforjas. Es igual: tengo un poco de tiempo, así que allá voy. Habiendo pasado antes por Pont L’Eveque y Livarot, uno esperaba que Camembert fuera también un pueblo crecido, con sus calles, tiendas, parques y demás… Pero no fue así, mon ami : nada más lejos de la realidad. El burgo de Camembert n...