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No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.

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1888 fue el año en el que los viajeros del tren mixto de Badajoz vieron por la ventanilla de sus vagones, poco después de pasar Caracuel, el cadáver de una joven de 14 años colgado de un poste telegráfico. Fue una mañana del sábado 29 de septiembre, fría y ventosa a juzgar por lo que dicen los periódicos, y aquél pobre cadáver pendulaba gélido y silencioso ante la aterrorizada mirada de los ocupantes del mixto de Badajoz. Cuando terminaba aquél mismo día, en otro lugar, en el East End londinense, el agente  Louis Robinson encuentra a una mujer tambaleándose por la calle. Es tal su estado de embriaguez que decide llevársela a la cercana comisaría de Bishopgate para que duerma la mona en una de las celdas. La conoce de vista, es una de las muchas prostitutas que merodean por el barrio, y no ve prudente dejarla a su suerte aquellos días en los que no parecían cesar los crímenes del destripador. Catherine Eddowes , de 46 años, permaneció encerrada en una celda hasta la 1 de ...

Reyerta entre actores a la puerta del Teatro de la Comedia

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Mientras se representaba “La Confitera”, zarzuela en un acto de Pina y Barbieri, en el madrileño Teatro de la Comedia aquél domingo 18 de febrero de 1877, dos de los actores abandonaron el escenario para salir a la vecina calle de la Gorguera y ajustar cuentas por un asunto que aún hoy es todo un misterio. El resultado: un baño de sangre surtido de mordiscos, cuchilladas y punta de pistola. Revisando el otro día el número de la Correspondencia de España de 19 de febrero de 1877, me encontré con la crónica de un suceso que sin ser nada raro en cuanto a su violencia, si me resultó llamativo por las personas que se vieron implicadas en él. Directamente fueron dos actores: un José Lara, del que no he alcanzado a averiguar nada, y Enrique Sánchez León, entonces un joven actor y escritor de origen malagueño , que con el tiempo alcanzaría reconocidísima fama en los escenarios. Indirectamente, asoma Balbina Valverde, una de las figuras más importantes del panorama interpretativo esp...

La Boule d'Or

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En 1810 un rayo cayó sobre la torre de la iglesia de Saint-Michel-des-Lions, una de las más importantes de Limoges, provocando graves daños en el edificio y el estupor entre la población. ¿Era aquello algún tipo de advertencia de origen sobrenatural, dirigida al modo de vida no demasiado piadoso que llevaba la burguesía provinciana de la capital de Lemosín? Quién sabe, pero por si acaso, por si se trataba únicamente de un suceso natural, pensaron que una vez finalizada la reparación de la torre colocarían en su punto más elevado un pararrayos. Hasta aquí todo fue más o menos normal. Pero entonces entró en juego un tal M. Bristroff, capitán de ingenieros del ejército francés que propuso que, en lugar de un pararrayos, se colocara en la aguja de la iglesia una esfera de metal de 600 kg. y casi 2 m. de diámetro. Esto, además de evitar el ataque de los rayos, vendría muy bien para "facilitar las operaciones de triangulación y mediciones geodésicas” .  Es de suponer que...

Dar la vida

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“La Thiloriere ou Descente en Angleterre. Projet d'une Montgolfiere capable d'enlever 3.000 Hommes et qui ne coutera que 300.000 Francs…” Argaud de Barges, 1803. Así es cómo presentaba “Le publiciste ou Nouvelles politiques, nationales et étrangères” en su número del 2 de junio de 1803 un artefacto llamado el Thiloriere. Se trata de un inmenso globo que, según se afirma en la misma publicación, es “capaz de transportar a 3.000 hombres   y no costará más de 300.000 francos…” . Impresionante. Sobre todo si uno se fija en el detalle de que, además de hombres armados, viajan en la cesta caballos, carros y algunos otros complementos militares. He intentado averiguar quién fue el autor de tan alucinante proyecto y algún detalle más del mismo... Pudiera ser que el autor de la ilustración, Argaud de Barges, se inventara un motivo acorde con las sensibilidades del momento, que le permitiera ganarse unos sous vendiéndola al publiciste. De paso, salió de sus manos una obra c...

Camina como un león rugiente buscando a quién devorar

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"La confesión de John Battus", es un documento publicado en Dedham, Massachusetts, el año de 1804, unos días antes de que el Battus confesante fuera ejecutado por violación, tortura y asesinato. He dado con él en el catálogo de un anticuario, e inmediatamente han despertado mi curiosidad el particular colofón que lo adorna, tan siniestro como su portada, y el deseo de conocer en qué consistían las confesiones del tal Battus. El documento en sí es del tipo de los pliegos que vendían por aquí los ciegos a su audiencia con un desarrollo más o menos extendido y versificado, de lo que antes habían recitado ellos en público a viva voz. Era este un negocio que en muchas zonas de España compartían a medias impresores y hermandades de ciegos –reales y simulados-,  tan consolidado que cuando en alguna ocasión los primeros intentaron hacer las ventas por su cuenta, los segundos reaccionaron de modo tan violento que se tuvo que volver al escenario anterior… Pero bueno, esta es u...

El libro de los milagros

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“1533 años después del nacimiento de Cristo, en el viernes después de Santa Úrsula, el día 24, estos maravillosos dragones fueron vistos en el aire durante casi dos horas, a alrededor de las 10 de la noche, en varios lugares cerca de Hilpoltstein” En julio de 2008, James Faber, un marchante de arte londinense, especializado en dibujantes franceses de los siglos XVIII y XIX, adquirió un curioso libro en una subasta en Munich. Se trataba de una obra manuscrita que contenía  167 pinturas de acuarela y gouache, ilustrando cada una de ellas un acontecimiento milagroso. Faber observó que el último milagro del que se hablaba tuvo lugar en el año 1552, y encargó a un especialista que hiciera un análisis exhaustivo de su papel y materiales, para poder fecharlo con mayor precisión. Los resultados confirmaron que lo que se conoce como el Augsburger Wunderzeichenbuch (algo así como “Libro de los Milagros de Augsburgo”) data de mediados del siglo XVI, y como insinúa su nombre...

Eternidad

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Parece que el pintor  Cherubino Cornienti   (1816-1860)   se impacientó mucho en aquella ocasión. Una cosa era que la Trattoria Lepre, en la via Condotti de Roma, fuera apreciada por tener uno de los menús más extensos que se conocían -450 platos y 50 tipos diferentes de sopa-, y otra muy diferente que ello fuera razón para hacer esperar a un artista hambriento. Cherubino observaba al camarero charlando en la cocina, lanzando requiebros a las clientas y volviéndose hacía un compañero para preguntarle algo sobre los platos que llevaba a una mesa… Pero no parecía tener la intención de querer darle de comer a él... ¿Lo hacía queriendo?,  ¡maldita sea mi fortuna, que me ha tocado este botarate como camarero!, ¡pues ahora te vas a enterar! Arrancó un pedazo de aquella interminable carta, le dio la vuelta y sacándose un lápiz de los que llevaba siempre por los bolsillos, dibujó con trazo rápido y firme el retrato de aquél endiablado camarero, montado sobre una...

La Centella

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Tengo la costumbre, cuando el paso de los acontecimientos dejan en mí un poso diferente al que a diario acostumbra, de retirarme a leer tranquilamente y en total silencio, durante todo el tiempo que me sea posible, la copia de algún documento antiguo de esos que guardo con especial cariño en un rincón de mi casa. En otras ocasiones, echo mano de mi querido ejemplar de Los Ensayos de Montaigne, como buscando consejo, o la voz cálida de un fiel compañero. Unos y otro son los principales refugios a los que la costumbre de muchos años me lleva, cuando es el momento, a buscar la paz, el sosiego y la reflexión. Hace unos días tuve la inmensa fortuna de conocer personalmente, después de mucho tiempo, a un puñado de buenos amigos. Acompañado de La Rouge y el pequeño Iago, aquella mañana disfruté de unos maravillosos momentos, en los que se mezclaron a iguales partes la alegría del encuentro y el placer de la conversación. El tiempo se hizo corto, y eso a fe mía que es buena señal, pues...

Nata Damajaute: 4 de julio 1886

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(Cartel: Biblioteca Nacional. Lo podéis ver aquí . De cualquier manera, creo que el nombre es una mala transcripción de Nala Damayanti , nombre de dos personajes del Mahābhārata , que responde más adecuadamente ese gusto por los misterios de regusto exótico de aquella época. Texto: La ilustración Española y Americana; nº XXVII, 22 de julio de 1886)