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Tragapeces

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En la Hemeroteca Digital , uno se encuentra con verdaderas joyas de la prensa histórica. Desde hace ya muchos años, y debido a mi afición a los grabados del siglo XIX, me paseo de vez en cuando por los ejemplares de las ilustraciones de aquella época: “La ilustración”, “La ilustración ibero-americana”, “La Ilustración Española y Americana”, etc… Ahí uno puede encontrarse todo tipo de grabados: desde los puramente paisajísticos, hasta los que pretenden reproducir, como si se tratara de una fotografía, escenas de las guerras de aquél tiempo; hay retratos costumbristas, grotescos, o de los personajes del momento. Lo que parece ser su punto de coincidencia es la maestría y dedicación con la que se elaboraban, su fuerza evocadora de lo que quieren imaginar, y el gusto por detallar todo aquello que entonces tenía algún significado. A uno le embarga la sensación, al contemplar estos grabados y leer los textos que los acompañan, la sensación de que está visitando un pasado mitológico, en el ...

"Quoniam ualde labilis est humana memoria..."

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Y mi relato de hoy comienza así: “Aquél día nevó como no lo había hecho desde hacía cosa de 30 ó 40 años...” Fue hace ya 5 años ¿lo recuerdas?, cuando tras una noche en vela, paseándonos sin poder dormir por la habitación, y con la única compañía de la silenciosa nieve cayendo sin parar al otro lado del cristal, llegó él, nuestro pequeño: el ruidoso y juguetón Iago. ¿Lo recuerdas? Como no... Y con su llegada cerramos un periodo oscuro, triste, de cuya memoria sólo queda, afortunadamente, el saber que tuvo lugar y que aquél día desapareció para siempre. Ahora sólo nos queda recordárselo una vez más, como todos los años: Egun horretan, orain dela 30 edo 40 urte ez bezala, elurra bota zuen... Mientras desde lo más íntimo de nuestro ser, una voz suave, sedosa, como el sonido imperceptible de la nieve rozando el aire,le susurrará: ... eta hortik aurrera amodio erraldoiaz bete zenituen gure bihotzak. (... y desde entonces, has llenado nuestros corazones de un amor inmenso). Feliz cumpleaños...

Impresiones

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Su modo de tratar a los demás me trajo al recuerdo al párroco de un pueblo de Lugo que tuve el mal gusto de conocer, aunque al menos el cura podría justificarse en su concepto brutal, trasnochado y caciquil del universo. Este ni eso. No tiene su lugar. Trabaja en un Archivo de Toledo al pie de la calle Trinidad, pero lo mismo lo podía haber hecho en una zapatería, un colmado o como responsable de una cartera ministerial. El hombre en cuestión no sirve para nada, por lo que podría metérsele en cualquier sitio. Desdeña las obligaciones de su puesto de trabajo con la seguridad de quién se ve bien protegido, mejor diríamos apadrinado, mostrándose soez y desagradable tanto en su aspecto como en su comportamiento. Es lamentable que estando las cosas como están, tengan cabida en cualquier puesto de trabajo recomendados como éste, que parecen ignorar dónde están, a qué se dedican, e incluso que el título que les ha llevado hasta ahí es el de inútil absoluto. Estaba sentado en el suelo de la Pl...

Inconstancias y decepciones

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- Yo, señor, he vivido siempre aquí y los que me conocen, que son todos los del pueblo, le podrán confirmar a usted que apenas he abandonado mi casa a lo largo de todos mis años, si no ha sido para cumplir con la pesada obligación de hacer el servicio militar. ¡Al Ifni me mandaron los muy canallas, para defender un arenal en el que sólo había ratas, escorpiones y un sargento que seguramente ya se lo ha llevado el diablo!. Después volví al pueblo, me casé, criamos cuatro hijos que comían más que un sabañón y aquí me tiene, saliendo de misa pa jugar la partida de los domingos dondel Miguel, después de que veamos lo que a usted le trae aquí. Hablábamos entre las gentes que salían de la iglesia apretando con las manos los cuellos de sus abrigos para protegerse del intenso frio que hacia aquella mañana. Había quien detenía un poco el paso intentado captar el contenido de nuestra conversación o saber quién era el extraño que hablaba con el Aparicio. Recuerdo que unos días antes, había estado...

Inconstancias y decepciones

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– Yo, señor, he vivido siempre aquí. Y los que me conocen, que son todos los del pueblo, le podrán confirmar a usted que apenas he abandonado mi casa a lo largo de todos mis años, si no ha sido para cumplir con la pesada obligación de hacer el servicio militar. ¡Al Ifni me mandaron los muy canallas, para defender un arenal en el que sólo había ratas, escorpiones y un sargento que seguramente ya se lo ha llevado el diablo! Después volví al pueblo, me casé, criamos cuatro hijos que comían más que un sabañón y aquí me tiene, saliendo de misa pa jugar la partida de los domingos donde Miguel, después de que se vea lo que a usted le trae aquí. Hablábamos entre las gentes que salían de la iglesia apretando con las manos los cuellos de sus abrigos para protegerse del intenso frío que hacia aquella mañana. Había quien detenía un poco el paso, intentado escuchar algo de nuestra conversación o saber, por lo menos, quién era el extraño que hablaba con el Aparicio. Recuerdo que unos días...

Le festin des horizons changeants

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I Llevo días sintiéndome en perfecta comunión con el tiempo que tenemos. El cielo está cubierto, y en las entrañas de esas nubes parece que eructan los dioses de manera tan sonora y luminosa, que yo diría que quieren quebrar los cielos y cubrirnos a todos de más oscuridad. Malditas sean las tormentas que hay en mí. Vuelo a echar mano de un recuerdo. Un par de días antes de que saliéramos para Portugal, vinieron a vernos unos buenos amigos. Les había sugerido que, dado como está por estos meses de verano lo del alojamiento en la costa, hicieran las dos noches que venían a poca distancia  de aquí, a algo más de media hora en coche, en Espelette, un hermoso y pintoresco pueblo del País Vasco francés. De este modo, aprovecharía para enseñarles una zona que conozco muy bien, lejos del bullicio de veraneantes, menús de paella y olor a crema solar, sobre fondo de calor asfixiante. En pocos kilómetros a la redonda de aquél pueblo, uno encuentra muchas de las cosas que son suficientes para hace...

Saudades III

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A muy poca distancia de Óbidos, en el camino que lleva a Caldas da Rainha, existe una casa de comidas que abrió hace ya más de 50 años, una mujer a la que todo el mundo conoce en la comarca por su nombre -Fernanda-, antecedido de un "Doña" que el tiempo, la edad y el hecho de haber dado de comer a varias generaciones de sus convecinos, hacen más que merecido. "Doña Fernanda" se llama también el modesto establecimiento en el que atiende a su parroquia, y es poco más que la planta baja de la casa en la que nació, donde la cuadra, el cuarto de aperos o garaje, ha sido sustituido por una pequeña sala con apenas cuatro o cinco mesas de aluminio. Por una puerta acristalada que hay frente a la de acceso al comedor, entra y sale Doña Fernanda con los platos que ha preparado para aquél día, pues una cosa sí es de advertir a quién tuviera la intención de visitarla: allí se come "a menú puesto" , uno se sienta y espera a que le pongan lo que toque ese día, cuando dej...

Saudades II

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Cada vez que cae la noche, la memoria de lo vivido va difuminándose en el fondo blanco del olvido. Sobre él recrearé el recuerdo de estos días. Lisboa, julio de 2013

Saudades

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Hay una costumbre que conservo en mí desde que tengo uso de razón, y es la de abandonarme al silencio más profundo cada vez que en las cuerdas de mi sensibilidad se combina la melodía precisa. Regresar al mismo lugar después de once años, y seguir sintiendo lo mismo, me ayuda a confirmar que hay cosas en mí, las que más me interesan cuando trato conmigo mismo, que no han cambiado... Y lo más importante: que a pesar del tiempo pasado, aquél que fué, sigue en cierto modo aquí. (Óbidos, julio 2013)

Las nubes, una vez más

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Como siempre que adorno mi cuaderno con ellas, marcho siguiendo el vuelo libre y reposado de alguna nube. Quizá no lo haga al lugar más adecuado, pero al fin y al cabo lo que importa es soñarlas, y trazar su derrota sobre el fondo azul de las aguas celestes. Hasta la vuelta.

Cerca trova

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Hará cosa de un año que se armó un revuelo terrible entre los expertos y aficionados al arte. Desde siempre, se ha tenido por sabido que bajo un fresco de Vasari representando “La batalla de Scannagallo” que hay en la la sala de los Quinientos del Palazzo Vecchio de Florencia, se ocultan las primeras pinceladas de uno de Leonardo representando otra batalla: la de Anghiari. Así pues, a principios del 2012, un grupo de “especialistas” lo prepararon todo para ver que había de cierto en ello, y descubrir lo que podía quedar del de Da Vinci. Parece ser que hasta los de National Geographic pusieron dineros para ello, tan necesitados como están de pienso para su canal de documentales: ya nos han mostrado el rostro de Cristo, los misterios de las alcantarillas de Ohio y la implicación de los extraterrestres en el asesinato de Kennedy, así que un nuevo Leonardo podría ser canela fina. El caso es que la cosa saltó a la prensa, pueden verse por ejemplo en la red fotografías de los agujeros que...

Ezenggileen

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Leí hará cosa de un año acerca de la lengua Tuva y los rasgos que en ella pueden darse de quienes la hablan allá por las tierras del corazón de Asia. A uno le entraron por el ojo las historias de todas aquellas etnias, familias, tribus o clanes de origen mongol al leer sobre los oirates o calmucos en “La rebelión de los tártaros” de Thomas de Quincey. De ello hace ya muchísimos años y, desde entonces, me da por imaginar un viaje por aquellas tierras del corazón profundo de Asia al modo de los nómadas, con su característico caballo enano, la yurta y el fiel halcón. Pero como uno no está para esos trotes y la vida le ha hecho acostumbrarse hasta la dependencia a los vicios y virtudes de las comodidades occidentales, deja de lado todo esto como meras ensoñaciones y, a modo de consuelo, recurre de vez en cuando a lecturas sobre todo lo que late en el corazón de Asia. Ezenggileen se refiere en lengua Tuva a un tipo de canto, música o composición que evoca los ritmos pulsátiles del galopar ...

Un mundo nuevo

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Su primer artista ha sido Menchu Gal. Algo de ella aprendió en la ikastola cuando celebraron la semana del mar y le explicaron que le gustaba dibujar barcos y paisajes marinos. Así nos lo repitió cuando llegó a casa con un dibujo hecho por él, que quería ser una copia de una de sus obras. El pasado domingo, aprovechando que no paraba de llover y que teníamos pendiente por visitar una exposición que le han dedicado en esta ciudad, nos acercamos hasta la Sala Kubo de la Kutxa para verla. A él le pareció estupendo, y más aún cuando descubrió que podía sentarse en el suelo sin que nadie le dijera nada y hundirse en esa suave mezcla de colores que abarcaba más allá de su mirada. Ahí se quedó él sólo. En silencio. Nada fuera del cuadro parecía preocuparle, mientras nosotros observábamos orgullosos cómo iba descubriendo un mundo nuevo.

Recorte

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Destrucción de los árboles de la libertad en París. (La Ilustración, 23 de febrero de 1850) Estaba documentándome sobre un asunto que me ocupa y he dado con esta ilustración. Me ha apetecido guardarla y compartirla con quien pase por aquí.