Piratas y libros

 

Folio 11 del Codex Aureus. El texto manuscrito en el margen superior viene a decir literalmente: "En el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Yo, ealdorman Alfred y Wærburh mi esposa, obtuvimos estos libros de un ejército pagano con nuestro dinero, es decir, con oro puro. Y esto lo hicimos por el amor de Dios y para el beneficio de nuestras almas, y porque no deseamos que estos libros sagrados permanezcan más tiempo en posesión pagana. Y ahora desean dárselos a la Iglesia de Cristo para alabanza, gloria y honor de Dios ... "

“Temía enviarte la Collectanea de Beda extraída de las obras de Agustín, sobre todo porque el libro es tan grande que no se puede ocultar en la propia persona, ni es fácil de disimular en una bolsa. Y aunque uno u otro fueran posibles, habría que temer un ataque de ladrones que sin duda serían atraído por la belleza del libro, y por lo tanto probablemente se perdería para ambos”
El que escribió esto fue Loup de Ferrières, abad en aquel año de 858 de la Abadía de San Pedro y San Pablo en Ferrières, uno de los centros más importantes de la cultura del momento. Allí se copiaron una serie de textos de autores latinos y griegos que de otro modo no hubieran llegado hasta nosotros. Loup era además consejero de Luis el Piadoso, hijo de Carlomagno, y protegido de la reina Judit, por lo cual es de imaginar que tenía fácil acceso a los fondos de todas las bibliotecas del imperio y a algunos de sus propietarios, tan interesados como él en hacerse con una copia de cualquier viejo manuscrito.

Uno de ellos era el arzobispo Hincmaro de Reims, el receptor de la nota que encabeza este texto. Está claro que se entendían perfectamente al hablar del temor por el atractivo que tenían algunos libros, pues sabían que una vez robados se revendían fácilmente y no volvería a saberse de ellos, arriesgando a perder para siempre su contenido. Este tipo de robos no debía ser algo raro, e incluso los temidos vikingos, que poco antes habían llegado a sitiar París, conocían el valor que tenían algunos de ellos. En una copia del siglo IX del Timeo de Platón, traducido por Calcidio, uno de sus más reconocidos intérpretes, hay una nota en el verso del primer folio donde se aclara que aquel libro fue comprado a un pirata. Algo parecido debió ocurrir con el Codex Aureus, que actualmente se encuentra en la biblioteca nacional de Suecia: en el folio 11 de este manuscrito hay una nota en minúscula anglosajona, se ve en la imagen que acompaña a este texto, donde explica que el libro fue comprado a “un ejército pagano” por el ealdorman Aelfred a cambio de oro, y entregado por él y su esposa, Werberg, a la catedral de Canterbury.

La copia del Timeo de Platón, traducido por Calcidio, donde hay una nota en el verso del primer folio en la que se aclara que aquel libro fue comprado a un pirata, está en la Biblioteca de Valenciennes.

Todo esto viene a cuento de que leo en los muros de algunos vecinos que hoy se celebraba el día de las librerías, cosa que, como todos los diasdé, me parece algo un tanto absurdo. Pero también me ha recordado que desde hace algunos años, en esta ciudad tan ajena a todo lo que tenga páginas, no me queda más que una librería. Aclaro que una a la que pueda llamar mía, porque no es un clon del área de libros de los grandes almacenes; porque no pretenden deslumbrar con su intensidad, y si dar un poco de luz a quienes la visitamos; y, sobre todo, porque todavía aún puedo encontrar en sus estanterías algo que no esperaba, e incluso ignoraba que existía. Quizá lo han recuperado de las bodegas de un barco pirata, he llegado a pensar.
A ellas pues, a esas viejas, solitarias y moribundas librerías.

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