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Los singulares efectos de una tormenta

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Parece que llueve. Estamos en pleno agosto, y en lo poco que llevamos de vacaciones, apenas hemos podido ver asomar en el cielo una fina cinta azulada de luz. Todo es gris y mate, con ese aspecto plomizo y metálico de los días cerrados cuyo destino está escrito sin remisión: agua, frío y humedad. Afortunadamente, resulta muy distinto verlo desde una de las ventanas de la oficina, en medio del ruido y la monótona compaña del trabajo, que desde aquél lugar, en la primera planta del Louvre, con la plaza del Carrousel bajo nosotros. - Bueno, nosotros a lo nuestro. ¡Vamos!. - Vale, pero no vayas tan deprisa que no nos espera nadie. - ¿Qué no nos espera nadie?, ¿estás segura? - ¡Charles, eres como un crío! No es la primera vez que me lo dicen, y a fe mía que no será la última. Dado que es habitual en mí perder el gobierno de mis emociones en circunstancias como aquellas, quien está acostumbrada a tratarme no debió extrañarse demasiado cuando apreté el paso y eché casi a correr por los pasill...

En el centro del mundo

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Cada vez que lo lanza cae, justo, en el centro del mundo. (Octavio Paz, Niño y trompo) En ocasiones, cuando uno siente en su ánimo el pesado aliento del destino, busca refugio en los recuerdos más lejanos, en aquellos en los que la inocencia caminaba de la mano de la esperanza, y el tiempo era lo suficientemente generoso con nosotros como para permitirnos disfrutar del baile de una perinola : pon una pon dos toma una toma dos toma todo todos ponen y nuestros ojos vigilaban atentos la espontánea danza de lo que está por llegar, desde aquél lugar, en el centro del mundo.

Pájaros en la cabeza

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De todos los lugares que hay en el mundo, aquellos en los que más me gustaría estar son los que no conozco. Quizá sea por eso: porque no los conozco, y en el mismo momento en que lo haga perderé el interés por ellos. ¿No crees, Charles? No, seguramente he dicho una tontería. Intento hacer que leo el periódico. Casi no cabe en el mostrador, y uno de sus extremos cae sobre la tortilla de patatas con jamon york a medio empezar que espera flácida el apetito de algún incauto parroquiano. Por fortuna no hay apenas gente y se está tranquilo… ¡eh!, ¿qué pasa?; alguien que entra en escena, y desde la distancia de la puerta, se dirige a la camarera: - ¿Maritxu, eres Maritxu? - ¿A quien le dices?, ¿a mí? - Si, ¿no eres Maritxu? - No. - ¿Segura? - Mira guapa, me acabas de bautizar… ¡no voy a saber yo cómo me llamo!. - Pues me habían dicho que te llamabas Maritxu. - Ya te digo que no, me llamo Paqui ¿quién te ha dicho eso? - La de la fruteria del Eroski. - No conozco a ninguna frutera del Eroski. -...

Je t'aime

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En el ocaso, cuando las últimas luces del día rozan como la brisa aquellas rosas que siempre alguien se ocupa de cuidar, un brillo rojizo se proyecta sobre su lápida, y haciendo casi desaparecer el nombre, quedan presentes en ella la memoria de los cientos de personas que han acudido a visitarle.

Dos meses en el limbo

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A medida que pasaban las últimas semanas, he empezado a sentir la imperiosa necesidad de dejarlo todo, de colocar al final de la última de mis palabras un punto y aparte, y cerrar el cuaderno de mis días durante una temporada. Necesito terminar de olvidar algunas cosas, aclarar otras, y dedicar el tiempo que me reste a la lectura y a algunos menesteres más, que de llegar a buen puerto, me darían una alegría… También me iré de vacaciones durante dos semanas a finales de agosto, y, por supuesto, os visitaré a lo largo de todo este tiempo, aunque muchas veces lo haga de manera silenciosa. Esto último, creo que no hacía falta ni decirlo. Así que os suelto mis nubes, y la sombra, y hasta ese rayo que asoma envuelto en una luz brillante, que vuelve a traerme a la memoria aquello que Iñigo Pérez Redondo decía en su poemario “Aniversarios concéntricos”: …Y vuelves a pensar en ello, Atando el aliento A los brazos de tus sueños. Vuelves a pensar en ello… La memoria tiene estos lastres, y a cada...

Les pierres sauvages

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¿Y ahora qué?. Esa es la sensación con la que uno se queda cuando ha leído un libro de esos que le dejan tal regusto, que con placer volvería a sus páginas o a otras semejantes de su mismo autor. Se puede llegar hasta a sentir algo de pereza a iniciar una nueva lectura totalmente distinta y durante unos cuantos días, por lo menos en mi caso, paso el tiempo revoloteando de aquí para allá empezando este libro, continuando aquél que dejé o releyendo alguno en que creo poder encontrar el cobijo conocido en el que todo lector errático se ha refugiado en alguna ocasión. “Les pierres sauvages” es uno de ellos, y me cuesta entender que no se haya editado ninguna traducción al castellano. Ni siquiera había oído hablar de él hasta hace algunos meses. En medio de tanta bazofia escrita por encargo para mayor gloria del famosuelo de turno, de tanto lugar común, de malas películas que pretenden traducir sus efectos especiales a palabras, etc…, parece no quedar lugar para esas obras reposadas, refl...

Mon amie la rose

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Se revolvía sobre sí mismo, como la bestia que se agita en el polvo, buscando el aire que le ayudara a respirar. El corazón, cada vez más acelerado, golpeaba su pecho con fuerza, como queriendo advertir a su propietario de que se podía ir acabando el tiempo. TOC, TOC, TOC La calle estaba empapada, pero ya no llovía. Su amigo y él habían dejado los libros en casa: no, no tenemos deberes –dijeron, y salieron como almas que lleva el diablo escaleras abajo. Era importante que llegaran en 10 minutos a la playa o saldrían sin ellos. YA LLEGAMOS A fuerza de hacer presión para atrapar el aire, sus ojos fueron quedándose acuosos, humedeciendo las mejillas, hasta dejar sobre ellas una fina y brillante película que daba a su rostro un tono rosa claro. VUELVE Lo habían pensado: mejor no pasar por casa para dejar los libros. En la playa nadie se los iba a llevar si los enterraban en la arena, como en otras ocasiones, y ahora no verían alejarse esa barca, con sus amigos, hacia Santa Clara. ADIOS Una...

Vuelo nocturno

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Rain Clouds, Poike Cliffs, Easter Island. 2001 Al principio pensé que lo mejor iba a ser buscar alguno de los libros que estoy leyendo, y perderme en su lectura durante un rato, justo hasta el momento en el que el sueño me atrapara por fin, y pudiera volver de nuevo a esa cama en la que me había pasado cerca de dos horas de tedioso insomnio. Todavía estoy por las primeras páginas del Epicuro de Carlos Garcia Gual, allá por donde se habla de Diógenes y su manifiesta ciudadanía universal frente al obligado orgullo de pertenecer a un grupo, a una polis. Leí cómo Arístipo de Cirene, en medio de una discusión con Sócrates, soltó aquello de que no deseaba verse enjaulado en ningún régimen cívico, pues se sentía extranjero en todas partes: Oud’eis politeían emautòn kataklefo, allà xénos pantachoû eimi Bonito, muy bonito, pero también demasiado familiar para aquellas horas de sueño y soledad. Así que preferí dejar descansando al perro que reniega de su collar para encuentros más lucidos. Al f...

Se cierra el círculo

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1. Quizá esté soñando Tumbado al fondo de la playa sobre una maraña de lo que parecían viejos periódicos, dormitaba silenciosamente, como si ni él mismo se hubiera dado cuenta de que estaba ahí. Ni siquiera parece respirar. Quizá está soñando. 2. El cañonero En un primer vistazo, nuestra mirada se clavó en una inscripción que destacaba sobre las demás por su hermosura y claridad. Nos acercamos a leerla: "Gabriel Gomes Da Silva de Lisboa, cañonero de la nao corsaria de Exeter, apresado el 13 de julio del año del señor de 1756." No, no es ninguno de ellos –nos dijimos- ¿los encontraremos? 3. Sophie - ¿Y porqué Coñac? - Porque deseábamos conocer la región y buscar en éste castillo unos grafitos de los que tuvimos noticia a través de Internet. - ¿Y los han encontrado? - Sí, pero desgraciadamente no hemos podido hacer una fotografía en condiciones. Nos quedaremos con el recuerdo. - Si lo desean pued...

La sustancia de los sueños

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Cuentan que a las lluvias las traía el mismo viento, rastrillando con sus dedos la superficie de lagos, ríos y mares para lanzar sus aguas a las alturas y dejarlas caer, como de rebote, donde la providencia lo estimara oportuno. Muchos afirmaban haber visto alzarse hasta el cielo grandes cantidades de agua, de manera que por unos instantes cambiaban su curso para dirigirse a lo alto, como si se tratara de un río celeste. Así es cómo se originan las tormentas, y cómo éstas producen naufragios, y las vidas de los navegantes cambian en un instante llegando a las orillas más insospechadas, y quedando mudada en ocasiones su condición. Aquél día de finales de abril, mientras esperábamos el momento de acercarnos a Cognac para destapar por fin el enigma que nos había llevado hasta aquellas tierras, visitamos el faro de Cordouan, uno de aquellos lugares que son pasto de los vendedores de posters, con torre rodeada de un mar tempestuoso. Según cuenta una de esas leyendas que terminan por engros...

Las tentaciones de la curiosidad

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Llevábamos un par de horas buscando por entre las paredes de la tour de la Lanterne el rastro de algo que tiene que ver con mi penúltima anotación, con aquella referida al último mohicano, cuando dimos con un grafito firmado por un corsario que decía ser natural del mismo lugar del que somos nosotros. Lo fotografiamos y anotamos su nombre, ¿quién podría ser? -pensamos-, ¿cómo llegó hasta allá?; Sería interesante saberlo… Dudamos por unos instantes, pero al poco seguimos con nuestra búsqueda. - Vamos a dejarlo y continuemos con lo nuestro. No permitamos que nada nos distraiga. Cuando terminamos de revisar lo que había en aquella planta, decidimos subir a la siguiente. Por el camino, mientras dábamos vueltas y vueltas por aquellas angostas y mareantes escaleras concéntricas, di de frente con una curiosa inscripción: “Paul H. Noe” Y debajo una fecha que no era otra sino la del mismo día, mes y año de mi nacimiento. ¡Endiablada casualidad!. ¿Quién sería ese hombre?, ¿qué hacía ahí?; en aq...

Intermedio II

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No te pares frente a mi tumba ni llores. No estoy allí, yo no duermo. Soy los mil vientos que soplan. Soy los brillos de diamante en la nieve. Soy la luz del sol en el grano maduro. Soy la lluvia apacible del otoño. Cuando despiertes en la quietud de las mañanas, Soy el vuelo de pájaros silenciosos que se elevan en círculos, Soy las suaves estrellas que brillan en la noche. No te pares frente a mi tumba ni llores, No estoy allí, yo no he muerto. (Poema de autor desconocido) Casualmente escuché ayer este poema que hoy, por desgracia, viene como anillo al dedo. Hasta dentro de unos días. Salud y Fraternidad

El último mohicano

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“Y aún así, antes de caer la noche, he vivido para ver al último guerrero de la raza sabia de los mohicanos.” (James Fenimore Cooper, El último mohicano) Recuerdo haber quedado inmerso en una profunda sensación de tristeza, en ese frágil desconsuelo que produce uno de los mayores temores a los que nos podemos enfrentar los seres humanos: la soledad. Chingachgook se quedó solo, como el último de una estirpe condenada a desaparecer con él, y en medio de la amargura lanzaba contra el horizonte ese dolor casi egoísta de quién se queda hasta el final, viendo marchar ante sí a todos sus seres queridos: a lo que ha sido su mundo. Estoy solo… Y nosotros le acompañamos en silencio, como lectores invisibles del vuelo de sus palabras por el último y más recóndito de los rincones de aquél libro. Después, lo cerramos por última vez, con esa especial delicadeza reservada a nuestras lecturas más queridas, y posamos la palma de muestra mano suavemente sobre su portada, mientras rememoramos lo más prof...
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