Cuídese de dormir a la gallina


- Usted podrá hipnotizar a las gallinas o no, pero cuide siempre de no dormirlas, ¿me entiende, camarada?

Después de pasar un par de años deambulando por toda Rusia, Vladimir Goltsshmidt (1886-1954) un hombre de dos metros de altura, actor ocasional, poeta, amigo de hacer ruidosas declamaciones, y que gustaba de autodenominarse "futurista de la vida", regresó a Moscú. Todo daba a entender que lo tendría mal, pues ya en aquellos primeros años de la década de 1920, era un personaje odiado por los vanguardistas más radicales de los ambientes culturales de aquella ciudad, que lo evitaban y se burlaban de todo lo que hacía. 

Y, en apariencia, había motivos para ello. Vladimir era un tipo realmente raro: nadie conocía su origen, ni nada sobre su infancia y juventud. Sólo se sabía que había sido profesor y promotor de estilos de vida “saludables”, lo cual en 1916 le sirvió para evitar ser reclutado el ejército, al estar ilocalizable, huido, recorriendo Rusia para predicar las bondades del naturalismo y los efectos perjudiciales de la ropa sobre el organismo humano. 

Pero el odio que sentían hacia él sus compañeros vanguardistas no se debía a su militancia naturista. Era más bien causado por ese concepto carnavalesco que tenía del arte, heredado de Mijaíl Bajtín, en el que todo se convertía en burla, espectáculo y broma…

Goltsshmidt iba más allá de la literatura y la interpretación. En cierta ocasión mandó instalar un monumento a sí mismo en la Plaza del Teatro de Moscú, sin molestarse en pedir autorización a la administración de la ciudad. Vasily Alekseyevich Vatagin, el autor de la obra, lo representó caminando orgullosamente mientras un perro le mordía el talón del pie. Simbolismo simple, pero eficaz. 

En otra ocasión organizó una protesta pública bajo el lema "!Abajo la vergüenza!", durante la cual salió a las calles de Moscú desnudo junto a varios compañeros jóvenes, gritando que el cuerpo desnudo es algo agradable y para nada vergonzoso. Este acto fue el último en Moscú del autor ya que al día siguiente fue expulsado de la capital. 

Sin embargo, a Vladimir todo eso lo incentivaba. A su regreso a la capital, y en menos de un año, se hizo propietario del "Café de los Poetas", centro de la vida creativa y bohemia de Moscú, abierto en el antiguo edificio de una lavandería.

Allá cuentan que hizo de todo, de director, de administrador, camarero sustituto, y, a veces hasta de vigilante. Pero la principal innovación que su programa llevó al Café de los Poetas fueron las sesiones de hipnosis. Pero no invitando a ningún voluntario de la audiencia al escenario. En su lugar colocaba a un pollo o una gallina frente a él, respiraba profundamente y fijaba enérgicamente en ellos una mirada de loco, sin parpadear o pronunciar una palabra durante un par de minutos. ¿Qué tenía este espectáculo que ver con el arte y el futurismo?, Un misterio, nadie lo sabe. Pero el caso es que esto era lo que hacía que el café de los poetas se llenara de público todas las noches.


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4 comentarios:

  1. Ayer de tarde fue un disfrute ponerme al fía. Veo que incides en estos personajes estrambóticos y misteriosos para nuestro delite. Este es que casi gana a todos. Parece que las gallinas y muchas otras aves pueden marearse incluso sentir vértigo con bastante facilidad. ¿Sabría de esa debilidad? Por otra parte en la Rusia de la revolución, en el Moscú glaciar predicar las bondades del naturismo, ser tan extravagante me demuestra que se salvara porque nadie, ni él mismo, se tomaba en serio. Lo que me lo hace más magnético.

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    1. Curioso de lo de la facilidad para marearse e incluso sentir vértigo con facilidad. Para que luego digan que la naturaleza es sabia... Era un personaje realmente peculiar, que como tu bien dices, consideraba algo muy importante el no tomarse en serio. Quizá debamos aprender eso de él.

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  2. Hubiera hecho buenas migas con este pájaro, juas

    Kissss y Kisss

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